Cuando voltee me quedé como pasmada por un momento, no entendía muy bien de que trataba el negocio, solo me perdí en los cientos de colores y figuras que aparecían frente a mis ojos; cubos de rubik, rollos fotográficos, monitos, guitarras, patines, alacranes, tarritos de cerveza, tamagochis, madera, tela, acero, cristal… unos momentos después regresé a mi y me percaté de que era un zapatero. Saque mi cámara y sin preguntar tome la que sería la última foto que mi pila soportaría por esa tarde, unos segundos después el maestro de fotografía preguntó: -Señor, ¿Le molesta si mis alumnos le toman algunas fotos?. -No, contestó amablemente.
Nos quedamos varios minutos viendo cada llavero, curiosamente el zapatero nos preguntó que si eramos de la ciudad, ya que el local esta ubicado en la calle 20 de Noviembre y es un punto muy transitado, asentimos penosamente, alguien comentó que eramos unos incultos por nunca haber visto tan peculiar lugar.
Cuenta el señor que son más de 1500 llaveros, que la mayoría se los regalaron y nos enseño una bolsa en donde dice tiene muchos más, pero que no los ah podido colgar porque le faltan argollas.
Para ser un lugar de reparación de calzado casi no se ven zapatos, o quizás te pierdes en esa pared, todavía unos momentos más contemplamos la pared repleta, busqué en mi bolsillo para darle uno de mis llaveros y que fuera parte de tan bonita colección, pero no traía mis llaves conmigo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario